Vorágine

La vida conyugal de Sergio Pitol

Hay novelas que cuentan historias sin importar como se cuenta. Hay novelas donde el autor quiere presumir que sabe contar una historia, aunque la historia no le importe mucho. Pero también hay novelas que importan por la crítica social o un desarrollo psicológico o por temática filosófica. Y hay novelitas que van de personajes.

Cuando terminé de leer La vida conyugal de Sergio Pitol, no supe qué decir al respecto. Me gustó, sí, pero no encontraba las palabras para describirla. Tampoco estaba seguro de qué había pasado. Hube de masticar durante tres semanas las ciento-treintaicuatro páginas para saber qué me había movido.
La historia es simple, incluso un poco cliché: una mujer que reniega de sus humildes orígenes se encuentra sumida en el ocio de un matrimonio con alguien que la engaña. La mujer se cree parte de la alta sociedad. La mujer sufre por el “mal trato” del marido (lo pongo entrecomillas porque la mujer también es histriónica y le gusta exagerar). Alguien más diría que es una novela que quiere hablar de feminismo o de roles de género, pero hay gente que ve esos temas hasta en las relaciones de las mantis religiosas (la liberación femenina a través del engullimiento del macho después del coito y sus representaciones de la naturaleza para con el rol hacia la mujer, ustedes saben).

Yo creo que Sergio Pitol pensaba en algo mucho más simple: retratar a dicha mujer. La vida conyugal no trata de su matrimonio. Rara vez vemos al esposo de Jacqueline, rara vez lo leemos hablar. En realidad, ni siquiera podemos saber si el marido realmente es malo porque todo es a través de ella. Ella nos muestra su psicosis, su histeria, sus taras, sus fantasías y todas las pone alrededor de su marido. Su vida, aunque ella reniegue de ella y diga sufrir mucho a causa de su marido, da vueltas alrededor de éste.

¿Por qué La vida conyugal? No sé las razones de Pitol, pero yo creo que la vida conyugal, para él, va de eso: es una vida donde las cosas deben girar en torno del otro de un modo u otro, para bien o para mal. Si me frustro, mi frustración va a dar vueltas al rededor tuyo, si te engaño, te engañaré por despecho. Si soy parte de la alta sociedad, es gracias a que me sacaste de pobre. Mi vida va a girar en torno tuyo. Mi ocio es ocio porque me ignoras y trabajas mucho tiempo. El matrimonio no es bello, es simbiótico y la simbiosis es lo que los mantiene juntos.

Tal vez no esté siendo justo con la novela. Tal vez es una de esas novelas que entendiste, con las que reíste, con las que te identificaste (y es que uno que es defeño y pasa tiempo en la zona centro y en Coyoacán, se emociona cuando identifica lugares que conoce en la novela, como la calle de Higuera o el monumento a la Revolución) pero no puedes terminar de decir por qué te gustó ni por qué es buena. Simplemente es una de esas novelitas que te movieron el tapete literario con su sencillez. Si me preguntan, debería haber más novelitas así.

Sergio Pitol, La vida conyugal, Era, 2010.

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Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

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Esta entrada fue publicada en septiembre 6, 2012 por en Novela, Reseñas y etiquetada con , .

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