Vorágine

Reflexiones sobre El otoño en Pekín

Una vez más nos encontramos con una contraportada que no sabe de qué está hablando. Esta vez es de El otoño en Pekín. Según la contraportada, en este libro, la historia importante es la de Amadís Dudu. Si uno hubiese leído la contraportada –cosa que ya no hago desde hace tiempo porque mienten, generan falsas expectativas y arruinan los libros-, habría pasado la novela entera esperando que algo pasara alrededor de dicho personaje. En realidad, sí, Amadís Dudu dispara la novela, pero no es el centro de la historia. Más bien creo que, quien haya redactado esa contraportada, no leyó bien el libro u lo hojeó un poco. Deberían leer los libros si van a hacer contraportadas, gente.

Pero yo quiero hablar un poco sobre la novela aunque siento que no tengo mucho que decir sobre ella. Enumeremos –pues si uno duda por cómo empezar, siempre es bueno enumerar-:

  1. La narrativa de Boris Vian (el autor, evidentemente) me recordó a una extraña mezcla de Julio Cortázar y Jorge Ibargüengoitia. Tiene lo “surreal” del primero y un poco de lo chusco/técnico del segundo. Maneja el absurdo y los términos técnicos-ingenieriles como herramientas narrativas y eso está bien. Lo hace ameno una vez que ya sabemos de qué empieza a ir la historia. Antes, lo hace un poco tedioso.
  2. La historia tarda en arrancar, sí. De hecho, uno no tiene ni la menor idea de que va el nudo de la historia sino hasta como por la página 100, si es que uno tiene un buen ojo. Antes de eso, todo es caos, y uno no termina de confirmar el nudo sino hasta el segundo movimiento.
  3. Hay mujeres guapas en el libro. Muy guapas. No son personajes principales, pero tienen peso. Lástima que la mujer que tiene más peso, y sí es principal, no se la imagine uno tan guapa como las otras. Pero a veces así es el amor. ¡Oh, congoja!
  4. Esta novela, a pesar de ser chusca y extraña, es una tragedia.

Para concluir esta nota: es buen libro. Cumplidor y, una vez que pasamos los primeros capítulos introductorios, el asunto se pone bueno. Un bonito libro para leer entre asuntos más densos y complicados.

Boris Vian, El otoño en Pekín, Colección Fábula, Tusquets, 2002.

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Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

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Esta entrada fue publicada en septiembre 25, 2012 por en Novela, Reseñas y etiquetada con , .

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