Vorágine

El chisme de las contraportadas, Parte III

El morbo vende y vende muy bien. Dice Hombrecactus aquí que es el morbo la razón por la que leemos las contraportadas -y, de paso, las críticas-. Yo le creo, porque basta con que nos digan que no veamos algo grotesco para que queramos verlo, experimentarlo, olerlo, saborearlo y hasta sufrirlo. Y el morbo es mejor vendido si hay chisme detrás.

Las contraportadas son chismes que crean morbo. Si fuésemos a comparar a las contraportadas con algún estereotipo social, ellas serían las señoras chismosas de la esquina, la niña popular que habla bien de fulanita y mal de perenganito, ese niño molesto en primaria que disfrutaba de acusarnos con la maestra cada que hacíamos una travesura y ellos se percataban de ello. Son la mentira ensalzada y manipuladora sobre los libros.

Y es que una contraportada o crítica nos pueden alejar de un libro. El crítico puede tener algo en contra del autor, ser parcial y mentirnos. Puede hacerlo de tal forma que lo que tenemos enfrente nos parezca la cosa más aburrida y tediosa. Es poner al verdugo a defender al ejecutado o a tu acosador de la secundaria –sí, ese que escupía en tus libros, te ponía chicles en la banca, escondía tus cosas y tiraba tu mochila al mingitorio- a hablar bien de ti. Francamente, uno se ensaña. Pero también puede vendernos un mal libro porque el contraportadista estará enamorado del autor –o le pagan para estar enamorado- y, entonces, será parecido a cuando ese amigo o hermano tuyo con mal gusto en mujeres te habla de lo bello que es su nuevo amor, de lo graciosa que es, lo inteligente y elocuente que se muestra ante todos y, al momento de conocerla, encontrarse con un espantapájaros que no sabe diferenciar su derecha de la izquierda.

Así las contraportadas. Pueden ser parciales, porque son chismosas. Pero el chisme es la mejor forma de vender y Hombrecactus tiene razón. Mientras nos hablen mal de un libro en una crítica o nos ensalcen a un autor en una contraportada, vamos a vender ese libro. Las palabras eruditas, razonadas y comparativas no venden. Lo que vende es saber quién babeó a quién, si Ibargüengoitia odiaba a Sabines, si tu ex se besó con la ex de tu actual novio, si tu mejor amigo tiene sífilis, si esto, si aquello. No importa si sea verdad o no. No hay tal cosa como mala publicidad. El asunto es vender y para eso se inventaron las contraportadas, ¿no?

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Acerca de Borchácalas

Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

Un comentario el “El chisme de las contraportadas, Parte III

  1. alnilamm
    noviembre 16, 2012

    Toda la razón. una versión subjetiva de alguien que incita a la persuasión, una maravillosa analogía la tuya con las señoras chismosas… La gente pocas veces ve adentro, se queda con la superficie. 🙂

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Esta entrada fue publicada en noviembre 12, 2012 por en Sobre libros y otras fantasías y etiquetada con , .

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