Vorágine

Sobre Firmado con un klínex de Élmer Mendoza

Dicen que no hay nada nuevo bajo el sol. Que ya todas las historias han sido contadas y que por eso no puede uno pretender escribir la nueva gran historia y que lo único que nos queda por hacer es encontrar nuevas maneras de relatar aquello que nos impacta. Yo no estoy del todo de acuerdo con esto, pero puede ser mi simple necedad de creer que lo que me pasa sólo me pasa a mí y no a los demás (aunque no sea cierto). Élmer Mendoza, por otro lado, sí cree en ello. O al menos esa impresión me da.

Firmado con un klínex es un libro de cuentos con historias (¿historias?) comunes (¿comunes?). O al menos eso creo.

A decir verdad, creo no haber entendido bien todos los cuentos. Además, tiene ya más de un año que leí este libro. De este libro, si mi memoria no me traiciona, tengo recuerdos de haber leído más de una vez más de un cuento. No porque el cuento haya sido extraordinario, sino porque me pareció incomprensible.

Si te vas a enamorar que sea de alguien así es uno de esos cuentos. Lo leí en el metro. Lo releí en el metro. Lo releí dos veces más con quién me había quedado de ver en el metro. No logramos sino especular que el personaje era un fantasma recurrente o algo por el estilo. La verdad es que no entendimos mucho. Y eso que el susodicho cuento es de los más inteligibles.

El otro cuento, que, a decir verdad, no recuerdo bien, le da título al libro y es uno policiaco. Recuerdo que la trama no era particularmente original. Es algo que bien podría haber visto en cualquier otro cuento policiaco clásico o en un “Film Noir”. Recuerdo que iba de un asesino que dejaba a las mujeres muertas con los labios pintados y un pañuelo desechable con un beso marcado. El resto me elude nuevamente como el resto del libro.

Recuerdo que las historias no eran particularmente malas (las que logré descifrar medianamente), pero si la forma de contarlas. La estructura de todos los cuentos resultaba terriblemente confusa. Tan confusa que uno debía prestarle más atención a la sintaxis (¡Mira, mamá, uso palabras técnicas para sentirme importante en mis reseñas!) que a la historia si quería uno no sentirse perdido al tercer o cuarto renglón. O al menos esa es la impresión que me dejó el libro.

Para escribir esta reseña, he decidido hojear el libro. Los cuentos puedo recordarlos si releo un par de líneas. Sin embargo, eso no significa que sean memorables. Al contrario, releerlos me hace recordar también que pensé que eran bastante pretenciosos. Claro, recordé ese cuento “críptico” sobre la noche anterior al final del mundial 2006 donde Zidane le dio un cabezazo a un tipo del equipo italiano. O algo así. Encuentro uno o dos cuentos que habla de escritores contemporáneos (basta de meta literatura, por favor) que escapó de mi entendimiento a pesar de reconocer felizmente un par de autores que me gustan. Hay algún tipo de poema-cuento titulado Plop que sigo creyendo es una farolada, un cuento sobre una mujer que cree ser muy guapa, un cuento de un mal matrimonio y otros más que no recuerdo bien con exactitud.

¿Hay moraleja? Yo creo que sí. Tal vez no haya historias nuevas u originales. Las aventuras del mundo se nos han acabado y la cotidianeidad nos agobia y hay veces que debemos conformarnos con ello. Sí, habremos de buscar nuevas formas de narrar, pero, por favor, que no vayan de hacer confusa la historia. Una cosa es velar y otra cosa contar a medias.

Cabe también decir que la portada de la edición me gusta. Fue un bonito regalo de cumpleaños.

Elmer Mendoza, Firmado con un klínex, Tusquets Editores, Colección andanzas, 2009.

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Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

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Esta entrada fue publicada en enero 2, 2013 por en Cuentos, Reseñas y etiquetada con , .

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