Vorágine

Pensamientos inspirados por El grito silencioso

Cuando estoy deprimido, también me dan ganas de meterme a un pozo. Lo malo es que, a pesar de todas las construcciones que hay en el DF, no hay ningún pozo abierto al público para que pueda yo irme a meter. También me da por querer hundirme en el alcohol y no saber de nadie. Veo, muy al pesar de los otros, mal que me digan que haga cosas, que salga y reanude mi vida. Me parece incluso un tanto invasivo. ¿Quiénes son ellos para decirle a nadie qué es lo que uno necesita para salir de la depresión?

Es algo normal. Todo mundo cree que la única solución para la tristeza y el desasosiego es involucrarse en algo; que la única forma para abatirlos es ser activo. Y siempre dice todo mundo que no debería uno deprimirse, que eso está mal. Como si fuese esto un librito de Paulo Cohelo o de autoayuda donde las ideas son masturbatorias y nos dicen lo que creemos que queremos escuchar. Nadie cree nunca que sentarse a pensar al fondo de un pozo con un perro mojado y apestoso sea una buena manera de alegrarse. Escándalo si aceptamos el alcohol como forma de afrontar las cosas. Nuestros abuelos seguramente así las afrontaban y miren qué bien salimos (está bien, no es el mejor ejemplo).

Lo peor es que siempre está el tipo que quiere convencernos de que la mejor manera de vivir es actuar y ser felices o, si no felices, al menos productivos. Y yo sigo sin saber qué es eso de ser productivo y revolucionario. He ido a marchas a gritonear cosas, pero siempre voy a esas marchas sabiendo que voy a ser categóricamente ignorado por aquellos contra quienes estoy manifestándome. Lo hago por catarsis y por voluntad propia. Pero siempre habrá alguien que diga que es la mejor manera de involucrarse con el mundo. Ser activos, moverse, hacer comunidad con los demás. Habrá quienes incluso fomenten la violencia para ello. Y ahí van ellos, ciegamente, haciendo cosas como oompa loompas sin detenerse a reflexionar lo que realmente están haciendo.

Ahí van, esos oompa loompas y esos “líderes”, molestándonos a todos los que preferimos meternos en un pozo a pensar y ahogar las penas en alcohol (o en agua, en caso de encontrar un pozo de verdad), diciéndonos que somos unos tibios, pasivos que nunca llegaran a nada porque sólo estamos pensando. Pero, ¿qué voy a hacer yo si no me dan ganas de moverme cuando estoy deprimido? Lo último que quiero es ponerme a cosechar cosas, o aplaudir el heroísmo de otros, manifestarme con antisemitismo en contra de alguien. No, lo que yo quiero cuando estoy deprimido es que me dejen en paz, que dejen de decirme que no me muevo, que soy un ratón, un tibio.

Me da la impresión de que la gente que no sabe disfrutar un buen rato de contemplación, son gente muy básica que niega su realidad. Yo quiero imaginarme que ellos siempre van felices por la calle, sin enojarse por nada, dando saltitos al caminar. Que llegan a sus casas, calientitos, y se van a  dormir con una gran felicidad porque fueron muy productivos y activos hoy y que lo hacen con una gran sonrisa. Pero no es así. Ellos también son miserables que niegan serlo. Buscan esconderse atrás de esa máscara de perpetua actividad y la interminable buena actitud hacia la vida. Pero ellos también sufren, sólo que no lo dejan ver. Hacerlo es mostrarse vulnerable e ir en contra de sus ideas pre hechas.

Enojarse también está prohibido y la violencia sólo utilizada contra los enemigos. Claro, el enemigo puede cambiar y quién hoy es amigo, mañana es enemigo. Todo depende del prejuicio actual. Las cosas son cambiantes, pero eso es parte de ser activo. No importa si la contradicción es enorme, siempre es por la causa, o porque al menos ellos sí se mueven de su lugar. Y luego uno es el malo por decirles lo imbéciles que son y mostrar otros sentimientos que no sean la euforia o derivados; es culpable por tener opinión propia.

Pero eso no es lo peor. Lo peor es que esos mismos juzgan por el plan de vida que uno tiene. También por el estilo de vida. Cada que uno se encuentra en frente de ellos, debe pedir perdón por ser un perdedor que tiene crisis existenciales. ¿Qué importa si se nos murió alguien o tenemos un hijo deforme en el hospital? Lo importante es ir a la cosecha, a manifestarse, a hacer ejercicio, inmiscuirse en la comunidad y no dejar de hacer. ¿Para qué pensar en las cosas y darse a la reflexión? No tiene sentido. No, lo que necesitamos es más revolución y menos coreanos en nuestro pueblo. Deja de pensar, por favor, que me enferma verte hundido en la depresión, con la botella de whisky siempre en mano. Deprimirse es para los espíritus débiles, así que sal a hacer ejercicio, toma la bicicleta o vete al parque y vuélvete un mamado de parque. De eso va la vida.

Pobre Mitsusaburo, yo te entiendo. Yo también quisiera meterme en un pozo, o esconderme en un lugar obscuro y húmedo, lejos de todos, sin que nadie me moleste. También encuentro despreciable a la gente que quiere que haga cosas cuando sólo quiero sentarme a pensar, a meditar, a dejar que se me pase la depresión. Maldito Takashi, no sabe lo que dice. Déjalo hacer sus pendejadas y vivir su vida de emprendedor, de falso líder, de hacedor eterno. Yo te invito el whisky y prometo no hablar mucho. También encuentro despreciable a todos y comparto tu enojo. Tal vez no seamos los mejores pensadores, pero al menos no nos hacemos falsas imágenes de la realidad.

O bueno, tal vez tú no, porque yo estoy hablando con un personaje de novela. Salud por la depresión, Mitsu.

Kenzaburo Oé, El grito silencioso, Anagrama, colección Compactos, 2009.

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Acerca de Borchácalas

Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

Un comentario el “Pensamientos inspirados por El grito silencioso

  1. Mescalina
    enero 21, 2013

    Me gustó tanto tu reseña que se ha convertido en mi siguiente libro en la lista, ha saltado a varios que estaban en espera.
    Saludos, don Fideo H. (:

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Esta entrada fue publicada en enero 21, 2013 por en Novela, Reseñas y etiquetada con , .

Kampa

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