Vorágine

Nueve veces el asombro

El otro día fantaseaba con despertar al lado de alguien. Sí, ya sé, el cliché no podría ser más grande. Despertar con el sol sobre la desnudez –o las sábanas que cubrirían la desnudez-, dejar que el perro o gato subiera a la cama, platicar antes de levantarse y desayunar en ropa interior. La escena clásica después de tener una noche erótica o romántica, como quieran llamarle, para continuar un día igual que el anterior. Sí, ya sé, me han corrompido las películas y las series de televisión, pero mi concepto de erotismo va por esas líneas: lo simple mezclado con lo extraordinario y lo íntimo. Si es que se puede tener esa mezcla porque, cuando uno está enamorado, todo le parece extraordinario –incluso lo cotidiano.

Me gusta pensar que el erotismo permea profundamente en todo aspecto de la vida, sobre todo si existe alguien especial –ya sé, dicen que soy un romántico, pero no se la crean. Soy de esas personas que les gustan los detalles más nimios en la piel de la otra persona, los pequeños defectos que normalmente desean ocultar. Me gusta conocer las cicatrices, los lunares, las manchitas que tengan. Me gustan los pensamientos, los movimientos, los sonidos, las formas, los modos. El erotismo es eso: disfrutar esos pequeños detalles que hacen a la persona.

¿A qué viene todo esto? Que  Ruy Sánchez está –creo- de acuerdo conmigo. Pero él lo dice de una manera un tanto peculiar.

La temática de Nueve veces el asombro es el erotismo. O al menos eso creo. Se lee como ensayo de Borges, si Borges hubiese escrito fragmentos de menos de cien palabras y no hubiese cuidado el lenguaje y hubiese querido hablar del erotismo en una ciudad imaginaria, y si Borges hubiese sido malo. Porque el librito está feíto. Pero tiene bonita letra. Una vez que pude ver a través de toda la farolada de la ciudad falsa pero mítica que incluye gente extraordinaria y donde pasan las cosas más maravillosas, encontré que Ruy Sánchez quería hablar del erotismo.

Me pareció excesivo. Si quiero sentirme erotizado, prefiero pensar en una barbilla partida, o unos grandes ojos que me ven inocentemente o con felicidad más que con lujuria. Me importan muy poco las posiciones, los alimentos, los poemas o la música de los cuerpos. La forma que entra la luz o el aire me es irrelevante. El ambiente es importante, pero el ambiente es sólo un agregado, un catalizador para el erotismo. La atracción entre dos personas existe porque esas dos personas son. Así que cuando vienen a hablarme del ambiente en el que se desarrolla el erotismo, en pequeños fragmentitos, pues me aburro. Me aburro terriblemente, porque lo importante es el aliento, saber que se puede mantener esa tensión que hay entre dos personas. Lo importante del ambiente es alimentar el erotismo.

Entonces tenemos que Ruy Sánchez nos construye una ciudad fantástica para situar su erotismo. Pero tampoco la logra construir bien, porque las ciudades, cuando son eróticas, lo son por las experiencias que tiene uno en ella. La ciudad se conoce mejor cuando uno tiene romance en ella, cuando erotiza la ciudad. La ciudad es mágica cuando paseamos con alguien en la madrugada por calles vacías y nos vemos en la cara del otro en la obscuridad. La ciudad se vuelve mítica cuando pasamos momentos extraordinarios en lugares comunes que llegamos a compartir con alguien más. La ciudad se vuelve una especie de libro desperdigado cuando hay memorias en las calles, edificios, lugares, árboles, en todos lados. La ciudad se transforma, cambia, se conecta y disuelve, emerge y desaparece. Y eso lo hace el erotismo que existe entre dos personas, cuando ellas habitan la ciudad. No es la ciudad quién hace a los amantes, sino los amantes erotizan la ciudad.

En resumen, lo hace todo al revés. Parte de que el lugar hace al amante. Fuera tan fácil.

Además, si quisiera leer sobre ciudades fantásticas, mágicas, llenas de amantes y lugares extraordinarios, leería Las ciudades invisibles de Italo Calvino.

 Alberto Ruy Sánchez, Nueve veces el asombro, Alfaguara, 2005.

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Acerca de Borchácalas

Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

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Esta entrada fue publicada en febrero 27, 2013 por en Cosas extrañas, Reseñas y etiquetada con , , .

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