Vorágine

Impresiones bonsái para un libro (llamado) Bonsái

¿Qué puedo decir de la prontitud? Ya todo es exprés. Todo lo hacemos rápido. Una plática rápida, una comida rápida, una carrera rápida, sexo rápido. Yo me estreso. Ya todo está digerido y ya nada tenemos que disfrutarlo. Sólo consumirlo. ¿Y cómo no dejarse llevar si todo el tiempo alguien me está diciendo que tengo que ponerme a leer otra cosa, a comer otra cosa, a vivir vivir vivir cómo si no hubiese un mañana? Que si las experiencias, que si estoy perdiendo mi tiempo, que si uno tiene que ser rápido y efectivo (qué fea es la palabra rápido). En fin, todo debe ser inmediato.

Y sí, ya lo sé, bienvenido a los tiempos modernos. Pero, ¿tenía que alcanzar esta rapidez a los libros? Uno ya no encuentra libros nuevos que sean muy largos o que parezca que tienen gran dedicación. Son libritos exprés que salen rápido, se leen rápido y que a veces saben bien. Como el café. “Sí, disculpe, ¿me puede dar una novela exprés?” Y te dan a Alejandro Zambra con Bonsái. Lo tomas y le dices al mesero “Bueno, sí, supo bien, pero, ¿y lo sustancioso? ¿Seguro que me dio una novela y no un folleto?”. Y el mesero te contestaría “No, señor, ese es el producto final. Lo que pasa, y fíjese que es lo de hoy, es que es un producto de alta calidad concentrada, lo último de la cosecha chilena. Fíjese que hasta premiada está”. Y uno tendría que reírse ante tal barbaridad.

No es que no me guste tomar café exprés. No lo tomo porque me pone ansioso, pero eso no viene al caso. Hay cafés exprés bonitos, fuertes, espesos. Que se disfrutan, pues. Para ejemplo está Las batallas en el desierto, que en una tarde de aburrición lo leemos un par de veces y nos sobra tiempo. Bonsái también, pero no se disfruta tanto.

Lo que pasa con Bonsái es que me dieron el resumen de una novela y le quitaron las tripas. Fue como ir a la presentación del libro, pero con menos farolada. O también puede ser un cuento muy largo y mal hecho porque no sorprende en ningún lado, ni crea tensiones ni nos tiene a la expectativa. Ya sabes que va a pasar desde el principio y se nos aguada todo. Es una novelita escrita con mucho oficio pero sin vísceras  Le falta ese olorcito a sudor, un poquito de mocos y que el calzoncito le huela tantito mal; que también eructe y se rasque la entrepierna. Pero no. Está bañadita y sentadita, ahí, viéndose bonita en un vestidito de tul, abanicándose con sus ojitos azules, sonriendo y saludando con el pañuelo blanco a la gente que pasa sin decir palabra.

Es un exprés aguadito (y que mencione a Kafka, Proust, Borges, Onetti, Ciorán, Nietzsche y demás no lo hace menos aguadito). Si quisiera, podría tomarme tres en la tarde. Pero sé que me van a saber a exprés aguado y que terminaré sin poder dormir por un ataque de ansias.

Aunque, cabe destacar, el título le viene de perlas.

Alejandro Zambra, Bonsái, Anagrama, 2006

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Acerca de Borchácalas

Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

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Esta entrada fue publicada en marzo 6, 2013 por en Novela, Reseñas y etiquetada con , .

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