Vorágine

Solomon Kane, un héroe políticamente incorrecto

La literatura está llena de héroes, personajes que representan la virtud,  la justicia y cómo se puede triunfar a partir de los más altos valores, pero también hay anti héroes, seres que si bien tienen un efecto positivo en su contexto, lo logran a partir de un comportamiento egoísta y muchas veces cuestionable desde un  punto de vista moral. Ambos responden a distintas facetas de la naturaleza humana y a nuestra necesidad por esa ambivalencia. Sin embargo hay personajes que queriendo ser uno, se transforman en el otro por situaciones ajenas al proceso que les dio vida. Para ejemplo: Solomon Kane.

Solomon Kane fue creado por Robert E. Howard (a quien tal vez recuerden mejor como el autor de Conan el Bárbaro) en la década de 1920. Se trata de un puritano implacable consagrado a recorrer el mundo para eliminar todo rastro de seres diabólicos y sobrenaturales en nombre de la gracia de Dios. Solomon constituye un arquetipo de héroe de las novelas pulp a las que pertenece. Hombre de pocas palabras, nunca se desvía de su objetivo. Es fuerte e inteligente y su voluntad, que raya en el fanatismo, lo lleva vencer a todos sus rivales.

Solomon Kane, ilustración de David Rubín.

Solomon Kane, ilustración de David Rubín.

La serie de Solomon Kane se compone de 15 cuentos en donde el puritano despliega toda su valentía y habilidades para el combate. En un estilo clásico del pulp (es decir, con mucha acción, situaciones estereotipadas y  una prosa simple), Solomon derrota criminales, demonios y hechiceros recibiendo en el proceso pequeñas heridas para mostrar como trofeos en sus siguientes apariciones.

Pero si algo caracteriza a las historias de Kane es que son políticamente incorrectas.  Y esto no es asunto de rechazarlas, en realidad la literatura busca constantemente la transgresión y la crítica, enfrentarse a lo establecido, pero la clase de falta que cometen los cuentos de Solomon Kane es muy diferente, pues no parte de un desafío intencionado. En su caso se trata de una postura que corresponde más al autor, que a sus personajes o el universo al que dio forma.

Los cuentos de Salomon Kane se manejan en dos sentidos que pueden ser muy mal vistos hoy en día: El papel de la mujer y la discriminación racial. En todos los cuentos, las mujeres aparecen sólo como damiselas en peligro, una excusa para que Kane demuestre su poder, su nobleza  y de cierta manera su bondad. Este esquema es clásico, pero a estos textos de E. Howard se suma la actitud del héroe ante sus acompañantes femeninas

Kane, como un estricto puritano, no siente en ningún momento atracción por las chicas a las que rescata (y eso que el narrador se encarga de remarcar que ellas son siempre de una belleza incomparable), su actitud frente a ellas es de una piedad condescendiente que pondría histérica a cualquier feminista.  Según escribe E. Howard ante el encuentro de Solomon con una dama; las mujeres son una criatura débil que no tiene la fuerza ni la voluntad para valerse por sí mismas, y además son débiles ante la oscuridad y las fuerzas demoniacas. En Kane, las mujeres despiertan un sentimiento parecido a la conmiseración.

En cuanto a la diferencia de razas, las historias de Kane pueden resultar aún más incómodas.  La mitad de sus aventuras, el puritano las pasa en África, tierra inhóspita y misteriosa plagada de demonios y dioses paganos que se aprovechan de las mentes inferiores de los negros que habitan esas tierras.

Y es que ese es el discurso constante sobre los habitantes de África. Nuevamente, no conocemos esta visión por Solomon, quien apenas habla durante las historias, y cuyos pensamientos son vedados al autor, toda la concepción parte de la voz narradora, que reitera en cada oportunidad, que la superioridad de Kane frente a los africanos radica en su raza anglosajona, superior a la de los primitivos negros a quienes compara casi siempre con monos.

E. Howard hace uso de esta clase de analogías con mucha regularidad, sin embargo se leen con una naturalidad especial. No se trata de un recurso para levantar polémica, ni siquiera se siente como una opinión política de misoginia e intolerancia, y evidentemente no es algo construido en función del mundo de Solomon Kane. Lo que hace de los cuentos una muestra casi espontanea de ser políticamente incorrecto. De una actitud tan natural en el autor que no es reflejo de presunción o atrevimiento, sino de una postura de vida en donde estos elementos permanecen latentes junto con muchos otros, sin mostrar una prominencia ni positiva ni negativa. Los cuentos de Solomon Kane son a los ojos de este siglo políticamente incorrectos, criticables, para algunos incluso condenables. Pero la manera en que despliegan estas cuestiones es tan natural que se antoja inocente. Prejuicios que de alguna manera no provocan ser juzgados.

Las historias de Solomon Kane fueron publicadas en español por Astiberri en una edición con magníficas ilustraciones de David Rubín. Un libro recomendable para acción sin sentido, clichés de novela de fantasía, y la repetida necesidad de exclamar “No puedo creer que esté haciendo esa declaración” y sentir por ello, un poco de culpa y fascinación.

Robert E. Howard, Solomon Kane, Astiberi, 2010.

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