Vorágine

Hombres armados

Yo[1][2] a Daniel Espartaco le conocía un cuento pseudopoliciaco, con becarios FONCA y reguetoneras llenas de poesía, que me gusta mucho. Luego llegó un artículo en Nexos sobre la literatura y una receta para hacer hot cakes en Letras Libres.  Después conseguí Hombres armados, que ganó el premio Gerardo Cornejo de Sinaloa en 2011 y que, además de todo, son cuentos. Quejémonos todo lo que podamos y debamos del Estado, pero hay que reconocerle que, aún en este mundo vacío de significado, siga publicando cuentos. Si no él, nadie lo hace; de todas formas casi nadie los compra.

La narración de Espartaco es una narración íntima, cercana, amiga, con la que te puedes ir a chelear sin mayor problema. La suya es una narración a la que le aprecias la honestidad y la brevedad que no es nunca premura. Son cinco cuentos que platican el fluir de la vida; una vida o las que sean, pero que ahí están y al lector le suenan de algún lado. Me repito: el fluir imparable, impasible de la vida; los episodios cotidianos llenos de significado a pesar de la impresión de que nada sucede. Nada irrumpe, todo fluye.

No discutamos aquí la sofocante necesidad de catalogar en literatura del norte, de la frontera, de la violencia, autor joven, etcétera. Quedémonos con la sensación de que el libro cuenta el devenir de una sociedad y sus personajes; la lucha por el derecho a la vida cotidiana, o al menos a mantener cierta normalidad, siempre amenazada por una violencia a punto de explotar. Es clara la sucesión de los cuentos hacia el que da nombre al libro, el único donde el peligro es explícito, después de haber asistido a diversos episodios de la vida diaria (los personajes resolviendo problemas como dios-da-a-entender), cada uno más cerca de la explosión que el anterior.

la foto

Addendum: El libro, sus libros, para ser exactos, los vende el propio autor por twitter y con dedicatoria; además los manda por correos mexicanos (que manera de creer en las instituciones). Muchos, éste, por ejemplo, no se consiguen mas que con él. Eso me parece congruente con su literatura, que es compañera.

Comprarle el libro directamente al autor, con premios y ediciones del Estado, es como ir a comprarle pan a la señora del expendio que está a dos cuadras. Todo es tan cotidiano; el pan de ajo y el libro. Importa que está en tu colonia, en tu código postal y no te hace el feo; importa porque es reconocimiento al oficio. Gusta porque es cercano, se entiende y se aprecia. No es lo mismo que comprar un libro de Vargas Llosa, quien, seguramente, hace años que no sale por el pan.

Daniel Espartaco, Hombres armados, Instituto Sonorense de cultura, 2012.


[1] Observar la categoría del “yo”,  que en este blog todo lo vemos desde la subjetividad más exagerada y un solipsismo que enorgullece.

[2] Bueno, ya sabemos que tampoco es tan así.

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Acerca de Rodrigo hombrecactus

Soy uno de esos personajes planos tipo relato de folletín que aspira a ser esférico. De esos que son copias malas de Filiberto García:sin sombrero ni pistola.

Un comentario el “Hombres armados

  1. Lector
    octubre 9, 2013

    No mames, hombrecactus, eres malísimo. Ser honesto no significa escribir como subnormal. Guárdate tus chistes malos y ponte a leer más para que enriquezcas tu vocabulario. O, mejor, nunca vuelvas a escribir en tu vida. No le haces justicia al libro que reseñas.

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Esta entrada fue publicada en octubre 8, 2013 por en Cuentos, Reseñas y etiquetada con , , .

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