Vorágine

Leer por encima del hombro

Tengo una pequeña manía que podría ser considerada, con justicia, de mal gusto, pero que no puedo evitarla. Cuando voy por la calle, espero en una banca o me someto a los tratos del transporte público, me gusta observar a la gente, especialmente los que están leyendo, y si tengo el ángulo apropiado, la posición correcta, leer por encima de sus hombros.

¿Qué me impulsa a tan desagradable acto? Temo que no es otra cosa que simple curiosidad, pues en los libros que carga la gente está concentrada una parte de su ser, una parte que, dicho sea de paso, es irremediablemente honesta. Las personan se ocultan todo el tiempo, pero cuando han decidido poner un libro en sus manos, hablan, sin saberlo, de un acto de voluntad que tiene que ver directamente con ellos (a menos que sean estudiantes leyendo algo para sus tareas, pero a ellos los ignoraremos por el momento).

¿Por qué ese libro y no otro? Me pregunto cuando los veo. Me intriga conocer la historia detrás de esas páginas, el motivo ulterior para decidir llevarse ese tomo en particular por toda la ciudad. Muchos dirían que la mayoría lo hace para entretenerse, abstraerse de su alrededor, y es cierto, pero aún así hubo una pulsión que inclinó a la persona por ese libro en especial.

¿Qué dicen de ellos sus lecturas?

¿Qué dicen de ellos sus lecturas?

No se trata de tipos de lectura. Es cierto que la mayoría de la gente (al menos en esta ciudad) lleva consigo best-sellers, novelas ligeras y libros de autoayuda, mas no importa el género, sino el compromiso que tiene el lector con esas letras. Es increíble el nivel de abstracción y fascinación que he notado en el rostro de mucha gente que lee el libro de consejos de vida esperando hallar ahí todas las respuestas.

En mis miradas furtivas he encontrado poesía de Sabines que me repele de dulzor, pero que para el lector enamorado son las más bellas palabras. También he descubierto las palabras de Ibargüengoitia frente a un lector que no podía ocultar una sonrisa. O fragmentos de Biblia subrayada que no parecen tener sentido ni para su propietario. También he leído los diálogos maniqueos de los vampiros que brillan bajo el sol, o las delicadas frases de Pessoa en manos de los estudiantes de literatura (estos, en particular, sí cuentan para el asunto).

Quien viaja con un libro viaja con un autor, un autor y una historia que ha elegido porque responden a algo en su espíritu, un lazo personal y único que se asoma para los mirones en esas portadas atrapadas entre los dedos y esas frases que con dificultad pueden avistarse. Es el juego de leer a las personas a través de los libros que están leyendo.

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Esta entrada fue publicada en noviembre 12, 2013 por en Sobre libros y otras fantasías y etiquetada con , , , , , .

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