Vorágine

El sufrimiento de un hombre calvo

Yo no soy calvo. En mi familia hay un par de calvos y muchos con el cabello tan delgado que, en la vejez, tienden a quedarse con una cabellera más bien rala. No es tan grave quedarse calvo, pienso a veces. Sin embargo, no puedo imaginarme qué haría si empezara a hacerlo. Me gusta pensar que parte de mi encanto (sí, del poco que tengo, si es que tengo alguno) es mi medianamente abundante cabellera. No así un viejo compañero de secundaria que sí empezó a perder cabello a los trece, y para los quince ya tenía unas entradas que más bien parecían salidas. En su momento me burlé de él y luego me arrepentí: el pobre no tenía la culpa.

Me pregunto si a ese viejo compañero le habrá pasado algo parecido a lo que le pasó al narrador de El sufrimiento de un hombre calvo, de Samuel Segura: la congoja de quedarse calvo en un mundo donde lo peor que puede sucederle a uno es perder la masculina cabellera que de todos modos nos obligan a cortarnos en los trabajos de oficina y escuelas; el sufrimiento de sentirse un ser repugnante, asqueroso e inferior, uno que repelerá a todas las mujeres que se le crucen por el camino. A mí no me ha cruzado la cabeza esa preocupación (y espero que jamás me cruce porque, de ser así, seguro terminaré calvo).

Pero nuestro personaje sí la tiene. No únicamente por todo lo que eso significa para su imagen, sino porque no quiere parecerse a su padre, quien tiene una prominente calvicie, criticada con acidez por su suegra y todo aquél que, sin mayor decoro, despotrican contra él. Ser calvo es razón suficiente para despreciar, como cualquier defecto físico o genético que se digne de serlo inspira.

Hombre sufriendo por ser calvo

Hombre sufriendo por ser calvo

Aunque tal vez esto sea el menor de los problemas. El nuevo calvo no nada más tiene que lidiar con la alopecia que lo empieza a acechar, sino también con su deseo carnal y adolescente encarnado en una mujer con el cerebro de mosca y que masca chicle como las vacas rumean pasto, sin tener en cuenta el nada importante problema de que su madre ha desaparecido sin más. ¿Qué más puede pedir un adolescente de quince años? Ojalá yo hubiese tenido una juventud tan llena de emociones y preocupaciones.

La novelita (digo novelita porque es corta y se lee en menos de hora y media, tomé el tiempo cuando la releí) está bien, y daría para mucho análisis, pero qué libro no lo haría. Podría ponerme exquisito y empezar a hablar de los simbolismos que hay en ella, lo que representa la calvicie, el conflicto del personaje con su padre, su abuela, su madre, la mujer mosca-vaca y su madre la mujer vikingo, la resolución del problema y la importante elección de significados que en ella existen, pero no lo haré porque la novela no lo necesita. Al contrario, está bien hecha, es amena y divierte. Si uno puede leerla en tan poco tiempo, no es por la cantidad de páginas, sino porque está bastante bien escrita y no te suelta, porque hay algo que te entretiene en ella sin que necesariamente se pierda la profundidad. A mí parecer, uno queda enganchado desde el título, “El sufrimiento de un hombre calvo”, que me parece bastante ameno, y el resto del libro se encarga de llevarnos de la mano desde el principio hasta el desenlace.

Tal vez el único problema que tiene este libro es la dificultad para conseguirlo: está editado por el gobierno del estado de Tamaulipas bajo su Colección Fortalezas, y, como todos sabemos, conseguir las ediciones estatales de los ganadores de los premios que se organizan (porque, nimio detalle, la publicación es para el ganador del primer Premio Nacional de Novela Corta de Humor), es a veces de lo más complicado.

Pero siempre hay esperanza, sino, ¿cómo conquistaríamos a nuestras propias mujeres mosca-vacas cuando estamos perdiendo todo menos el cabello?

Samuel Segura, El sufrimiento de un hombre calvo, Colección Fortalezas, Gobierno del estado de Tamaulipas, 2012.

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Acerca de Borchácalas

Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

Un comentario el “El sufrimiento de un hombre calvo

  1. Una Tostadora
    diciembre 17, 2013

    Do like, Borch.

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Esta entrada fue publicada en diciembre 17, 2013 por en Novela, Reseñas y etiquetada con , , .

Kampa

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