Vorágine

Es tan poco el tiempo, Sasha Grey

Es tan poco el tiempo y tan rápido todo lo demás, que sólo se necesitan 8 minutos en una página porno para elegir el video, darte cuerda, terminar y seguir con el caos que acomete. En esos minutos, buscando la parafilia adorada, podemos ver mil y un variantes de las escenas que cuenta (mecanografía, dirán los más exigentes) Sasha Grey en su Sociedad Juliette.

Tampoco es que esperara mucho de la novela, tampoco es que sea mi actriz porno favorita; pero al menos el sexo debía ser interesante. Y no. Mejor hubiera escrito unas memorias o un diario, que son el equivalente al porno amateur en la literatura. Al menos así mi morbo se hubiera saciado.

Menos Sartre, Sasha.

Menos Sartre, Sasha.

Porque es el morbo,  y cierta dosis de frivolidad disfrazada de mente abierta y progre, lo que lleva a uno a bajarse (no comprarse, porque el dinero no crece en las chaquetas) el dichoso libro. Si como sale en los videos escribe, al menos 8 minutos de mi atención bien valen, piensa uno, crónico.

Y empieza el libro y Sasha tiene una tendencia fastidiosa a decir “¿Me creerías si te digo? A ver, te explico” y otras formas de dirigirse al lector, por demás burdas e infantiles. Avanza y las referencias culturales envejecen ante mis ojos. Ojalá que en cinco minutos nadie recuerde a Kim Kardashian y similares.

Pero Sasha no se contenta con eso, tiene que demostrar que detrás de todas las acometidas, bukakes y orgías hay un cerebro ingenioso y filosófico; así que se lanza a la reflexión del llamar semen o lefa (aprovecho para decir que me chocan ciertas traducciones españolas) y uno muere de aburrimiento.

Sin embargo, lo mejor de la novela es lo que está entre las descripciones clichés de sexo y la historia principal que insiste en homologar al sexo con poder y violencia. Cuando se toma el tiempo de construir historias de personajes secundarios, casi anecdóticos en la trama principal; personajes para los que el sexo, a pesar de aparecer en  el centro de todo, ayuda a completar emociones y pasiones o derrotas, es cuando se deja leer la novela. Cuando al fin satisface el morbo, no por el sexo, o las posiciones, o si te dan por el culo con o sin lubricante, sino el morbo por la vida diaria, oculta y pulsante, es cuando  la novela vale un poco; hasta que las escenas de sexo interrumpen con su simplismo a pesar de la bandera de perversidad.

En realidad parecen dos autores (y en una de esas hasta resulta que sí): la desabrida que se enfrasca en reflexiones innecesarias sobre el sexo y describe fantasías hartas de sí mismas; y la que desentraña historias subterráneas de personajes cómplices del sexualizado mundo moderno. Estas historias sí que se leen en 8 minutos y mejor después dejar el libro, como la página porno, después de satisfecho el onanismo.

Sasha Grey, La sociedad Juliette, Grijalbo, 2013.

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Acerca de Rodrigo hombrecactus

Soy uno de esos personajes planos tipo relato de folletín que aspira a ser esférico. De esos que son copias malas de Filiberto García:sin sombrero ni pistola.

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Esta entrada fue publicada en enero 22, 2014 por en Novela, Reseñas, Sobre libros y otras fantasías y etiquetada con , , .

Kampa

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