Vorágine

Un libro de principios (literalmente)

18 marzo 2014 | Andrés Alba

El principio de cualquier libro es como plantarse sobre un pórtico. Aún no conocemos la casa, pero por la fachada podemos imaginar aquello que nos espera cruzando el umbral. Si es un lugar amplio o angosto, lujoso o humilde, hospitalario o amenazante. Se trata de la primera impresión, que si bien no siempre es absoluta, sí nos previene a lo que está por venir. Estoy hablando del íncipit.

Los comienzos de los libros nos introducen a nuevos mundos, ponen barreras entre lo posible e imposible y nos atrapan o repelen; son la invitación a pasar hoja por hoja con la promesa de un final imperdible. ¿Pero cuántas veces no hubiéramos preferido que un libro se quedara en esas primeras páginas donde todo parecía posible, en vez de descubrir esos desarrollos incompletos y finales decepcionantes? El principio es potencial, y por ello es tan atractivo.

Es bueno saber que no sólo los lectores comunes pensamos en estas cuestiones, pues el libro del que quiero hablar nació de reflexiones semejantes. Si una noche de invierno un viajero, es un ejercicio del escritor Italo Clavino por construir un libro sólo con principios. Cada capítulo es el principio de una novela, el planteamiento de una historia a desarrollar que se ve truncada súbitamente.

La obra en cuestión

La obra en cuestión

El resultado es una serie de inicios  que logran inocular con el virus de la curiosidad, y el deseo de ver más allá de esas páginas introductorias. Los primeros de estos principios son especialmente notables. Hago mención del primero de ellos, una reflexión casi ensayística sobre los libros que leemos.

Por desgracia, algunos de los últimos textos más que principios funcionan como cuentos, no se ven fragmentados, sino que tienen una conclusión perfectamente elaborada que no antoja una historia que se prolonga más allá de lo que se nos muestra.  Es evidente que en este libro Calvino está jugando, sin embargo por momentos parece cansarse del juego y construye un argumento que contradice la premisa de Si una noche de invierno un viajero.

Los múltiples inicios están ligados por una historia que pretende integrar al lector, pero que termina siendo una especie de novelita de absurdos e inconsistencias. Un baile metatextual al que le falta ritmo y le fallan los pasos, una artificialidad no propia de un escritor como Italo Calvino.

Si una noche de invierno un viajero es un experimento divertido, y algunos de estos íncipits son deliciosos, pero la manera en que se hilan es, a mi parecer, inútil y aburrida.  Me quedo entonces con los inicios de una obra, que por su naturaleza, debió haberse quedado en su principio.

Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero, Siruela

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Esta entrada fue publicada en marzo 18, 2014 por en Ensayo, Novela, Reseñas y etiquetada con , , , , , .

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