Vorágine

Furias inútiles

1º abril 2014 | Andrés Borchácalas

Cuando me enteré que existía Salman Rushdie fue por cierta muchacha que era mi “mujer” en ese entonces y con quién he compartido muchos libros a lo largo de los años. En esos momentos, ella y yo no nos encontrábamos en la mejor época de nuestra relación y solíamos pelearnos o fastidiarnos fácilmente el uno del otro. Los dos siempre hemos hablado con cierto ímpetu enfermizo de los temas que nos gustan: una vez que empezamos, no podemos dejar el tema, no importa cuán odiosos o aburridos lleguemos a ser con los demás. En realidad no nos damos cuenta hasta que alguien nos los dice. Supongo que eso es algo que compartimos con Malik Solanka, el personaje principal de Furia.

Algo estás haciendo bien en la literatura si puedes tomarte una foto con Olivia Wilde tomada de la cintura

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Un día, no recuerdo el porqué, llegó hablando sobre este escritor, nuevo para ella, que prometía ser el portador de la verdad y una novelita suya que no se conseguía en ningún lado. Durante dos semanas lo único de lo que le escuché hablar fue de Malik Solanka, Cerebrita, Rushdie, los temas y lo buena que era la novela y el autor. A mí todo esto me parecía tedioso, porque no entendía nada de lo que me decían, aunque sí llegué a parar oído un par de veces cuando se mencionó el nombre de Olivia Wilde y su relación con el susodicho escritor. Supongo que si te toca ser cercano a Olivia Wilde, algo estás haciendo bien.

El tiempo paso y la euforía se disipó. Ella y yo nos distanciamos por causas naturales (terminar una relación siempre es una causa natural y razonable para distanciarse) y el tema quedó medio zanjado. Yo le tomé un poco de tirria a muchas cosas que ella disfrutaba porque eso es lo que los ardidos hacemos, y entre esas cosas estaba Rushdie y su Furia. Sin embargo, meses después, resultó que el libro no era tan inconseguible y que Rushdie resultó ser más comercial de lo que yo pensaba, pues encontré, en inglés, una enorme colección de títulos suyos importados. En esa colección se encontraba Furia.

Admito que el libro lo compré por despecho, para demostrar que el libro inconseguible no lo era tanto y que yo ya tenía una copia en el idioma original. Porque eso es lo que hacemos los ardidos que nos respetamos como tales. El tomo se quedó guardando polvo medio año antes que me entrara curiosidad por leerlo. Sólo para comprobar que no era tan bueno. Una vez más, era el rencor lo que hablaba.

Así pues, leí Furia por todas las razones equivocadas y despechadas habidas y por haber.

Cuando lo empecé, me costó trabajo. El ritmo era complicado y tardó como treinta páginas en terminar de esbozar el personaje: un hombre de cincuenta años que ha abandonado a su esposa y a su hijo (¿o su esposa lo abandona a él con el crío?), despojado de su creación, Cerebrita, un títere que hablaba de temas filosóficos con grandes autores, también en versión de títere, y que en general está enojado con el mundo, lleno de furia porque ese parece ser el estado natural de ser en este mundo caótico. Y esa es la premisa: ver a un hombre que vive en una vorágine de emociones y enojos, porque la furia también puede ser un estado natural del humano cuando su entorno se vuelve hostil.

La historia, en general, empieza a desenvolverse bien, hay una muchachita cuya descripción levanta pasiones, no sólo en Malik, sino en el lector mismo, un intento de reivindicación de Cerebrita con un proyecto de ciencia ficción y una furia mejor dirigida que la del personaje principal. Sin embargo, la novela falla terriblemente al final. Toda la construcción que va creando Rushdie la desperdicia con la justificación más burda y simplista para cualquier desadaptado social: una infancia mal llevada, traumática y difícil. Claro, porque nadie que venga de un barrio bajo de la India puede estar cuerdo. Aunque claro, gracias a las magníficas soluciones occidentales, todo desadaptado puede volver a ser un padre cariñoso y hombre trabajador y proveedor. Porque así son los hombres de verdad, los sanos, los que no están mal de la cabeza.

El resultado: una gran decepción para la lectura. Lo que había logrado en los primeros capítulos, lo perdió. Mientras tanto, yo, que me estaba viendo contradicho, y me estaba gustando, terminé en lo cierto: la novela resultó que no era tan buena como me la habían vendido.

Poco tiempo después me encontré nuevamente a mi antigua mujer y platicamos sobre el libro. Yo, con toda la mamonería del mundo, le dije lo que pensaba del famoso librito. Ella me dio la razón. Fue cuando recordé que nunca me había contado ni el final ni qué había sucedido y que mi percepción era la que yo mismo me había hecho.

Salman Rushdie, Furia, Debolsillo.

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Acerca de Borchácalas

Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

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Esta entrada fue publicada en abril 1, 2014 por en Novela, Reseñas y etiquetada con , .

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