Vorágine

Adiós, Gabo

22 abril 2014 | Andrés Borchácalas

Cuando te conocí, no sabía quién eras ni tampoco me quedó claro esa vez. Nuestro primer encuentro fue fortuito y poco fructífero. No pude contigo, era demasiado joven para entender incluso el más sencillo de tus textos, tu crónica que anunciaba la muerte con su portada tétrica pero llamativa para un niño de once años.

Fue hasta después, en un caluroso salón lleno de adolescentes aburridos donde pudimos congeniar bien. Entre las tropezadas lecturas de estudiantes poco acostumbrados a leer, empecé a pasar las páginas de tu Cándida Eréndira para quitarme el tedio de la monotonía de las oraciones pausadas, como leídas por niños de siete años. Me tuviste cautivo durante una tarde de ocio que no pude soltar lo que me restaba del libro y entonces algo cambió. Tu siglo de soledad me atrapó en otra tarde de ocio. Sin él, tal vez jamás habría conocido al primer amor (el verdadero, no aquél mal entrenamiento que tuve antes y que de él sólo conservo tu autobiografía) ni habría llegado a las demás lecturas que de ti hice.

Fue un torbellino de páginas lo que iniciaste, de tomos y ejemplares en colores pasteles y litografías en la portada. Tardes enteras de lluvia en las letras, soledades, esperas inútiles de cartas que nunca llegarán, como esas llamadas de amor que sigo esperando. Desamores y amores, sacrificios en vano y mucho sufrimiento fue lo que ahí encontré en la adolescencia.

¿Cuántas pláticas sobre ti no tuve con ella? ¿Acaso no fuiste el tema central en esa tarde donde nos vimos por primera vez las almas? El árbol genealógico de tu familia fue nuestra primera carta de amor, tus libros el primer paso al código que después se habría de formar. Eras clave en nosotros.

Pero yo ya te tenía desahuciado desde entonces, desde siempre. Te conocí cuando tu auge ya había pasado y tu luz brillaba sólo por el recuerdo de mejores épocas. Te supe muerto desde el principio, tus putas tristes sólo lo reafirmaron. Tus peregrinos ya habían encontrado dónde quedarse a morir, los ojos de perro azul ya se habían cerrado y sólo nos quedaba una memoria viva y para contarse.

Sólo una vez te vi en persona, allá a lo lejos, junto a un famoso y ya fallecido amigo tuyo, homenajeándolo, como fantasma sin decir una sola palabra. Parecías un mueble cada que hacías un acto de aparición: sonreías, saludabas con la mano y decías menos que nada. ¿Cómo no creer que eras un espíritu que ya no pertenecía a este mundo?

Pasé diez años esperando la noticia en los periódicos, así que no quedé muy sorprendido cuando me llegó. Lo veía venir desde que te conocí y empecé a interesarme en tu persona. No fue un gran golpe, no me dolió, no lloré, no me dieron ganas de releer ninguno de tus libros ni de tus cuentos. No fui a atormentar a tu familia a la funeraria ni hice escándalo por tu muerte física. No lo necesitaba, la catarsis estaba de más.

Estabas muerto desde entonces, pero presente. Tus letras, aunque efímeras en el tiempo, fueron contundentes y me hicieron el lector que soy ahora. Fuiste ese primer maestro que te da los ánimos para seguir, pero que se queda ahí, en las primeras clases porque ya no tiene más que ofrecer, porque se agotó tan rápido que queda como una grata y ligera memoria que permea en lo demás, sin que nos atormente su ausencia.

Ahora estás en verdad muerto, pero sigues presente, pues lo que alguna vez nos diste, siempre lo tendremos. Te encuentras en todas aquellas posibilidades que abriste y que tomamos, en las historias que no escribiste, pero participaste como personaje secundario, incluso incidental. Te diluiste en nuestras vidas cotidianas sin que lo supiéramos. Te volviste omnisciente como tu narrador y, con ello, alcanzaste la inmortalidad.

Así, despedirme de ti no es difícil. Estás como siempre has estado y el estado de tu cuerpo no cambia nada. Sólo queda decir adiós a lo corporal y cerrar el ciclo.

Gracias por todo, Gabo. Has sido un gran maestro.

Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez

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Acerca de Borchácalas

Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

Un comentario el “Adiós, Gabo

  1. pal. (@asoninsu)
    abril 22, 2014

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Esta entrada fue publicada en abril 22, 2014 por en Cosas extrañas y etiquetada con .

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