Vorágine

Alboroto en el guayabal o el subalterno realismo mágico

29 abril 2014 | Hombrecactus

A veces, más que llevados por recomendaciones de conocedores (véanse las entradas de este maravilloso blog),  impresiones de amigos o una cautivadora contraportada (¿son posibles siquiera?), uno termina comprando libros porque son baratos y hay que perder el tiempo un rato. Así llegó Alboroto en el guayabal a mis manos.

Kiran Desai, la autora, construye una novelita bastante entretenida. Logra alcanzar vuelos interesantes para desinflarse, previsiblemente y sin remedio, hacia el final.

Hasta la portada mantiene ese tufo.

Hasta la portada mantiene ese tufo.

La anécdota es bastante entretenida: un hombre llamado Sampath, en un pueblito de la India al borde de la modernidad, con agua y luz intermitente, decide que este mundo no es para él. La escuela, el trabajo, las obligaciones sociales con los padres y las posibilidades del matrimonio arreglado son sólo motores de sufrimiento; el busca el ocio y la tranquilidad.

Es por eso que un buen día abandona su trabajo en la oficina de correos, a su familia y todo lo que tiene, se sube a un árbol y decide quedarse ahí a ver el mundo pasar. Esto, obviamente, no dura. El pueblo entero lo busca porque creen ver en él a un iluminado que dará fortuna a todos.

Lo anterior le sirve a Kiran Desai (nacida en la India pero residente de Nueva York, cosmopolita, pues) para construir episodios cómicos de la vida en el poblado y las actitudes de los caricaturizados personajes en su quehacer diario. Todo está narrado con humor y cierto dejo irónico que se diluye sin más en el final. Sí, nótese que la novela me ha entretenido pero he odiado el final; coitus interruptus.

Pero también quiero destacar el ambiente general de la novela. Una neblina que parece llevar el letrero de realismo mágico la envuelve. A momentos se evapora y todo fluye, pero cerca del final se va haciendo más densa hasta ocultar lo que valía.

Puede pensarse, consparanóicos somos y juntos andamos, que no es casualidad sino causalidad que la autora escribiera su primera novela mientras estudiaba en la Universidad de Columbia. Nos inclinamos a creer que ese tufillo a realismo mágico viene precisamente de una postura editorial (más que literaria) en la que los sujetos subalternos y sus escrituras son encasillados por la academia norteamericana.

Desde el momento en que Gabriel García Márquez hizo estallar a la literatura latinoamericana, elevándola al conocimiento de ciertos centros culturales, las escrituras de algunas periferias se vieron condicionadas a una fórmula para lograr éxito editorial. Si bien puede y debe matizarse lo dicho, no en vano, la que podría haber sido una novela divertida sin más, se convierte en guayaba pasada. No en vano se cita a Salman Rushdie y otras críticas de revistas norteamericanas que destacan la “imaginación”.

Kiran Desai, Alboroto en el guayabal, quinteto, 2007 (1999).

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Acerca de Rodrigo hombrecactus

Soy uno de esos personajes planos tipo relato de folletín que aspira a ser esférico. De esos que son copias malas de Filiberto García:sin sombrero ni pistola.

Un comentario el “Alboroto en el guayabal o el subalterno realismo mágico

  1. Borchácalas
    abril 29, 2014

    Es lo que decía el Rufián el otro día en su twitter: García Márquez tiene un gran valor, más allá de sus éxitos, por introducir una literatura global que dio paso a otros autores (él mencionaba a Coetzee, por ejemplo).

    Eso y, aparentemente, los escritores de la India siempre nos dejan con coitus interruptus… Pinche Rushdie.

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Esta entrada fue publicada en abril 29, 2014 por en Cosas extrañas, Novela, Reseñas y etiquetada con , , , , , , .

Kampa

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