Vorágine

Delirio

20 mayo 2014 | Andrés Borchácalas

Ese es un placer que yo desconozco, un placer que la asalta sólo cuando está con él, porque ciertas sustancias sólo llegan al corazón junto a una persona en concreto y nunca junto a otra.

David Grossman

 

Igual que Shaul, soy una persona fantasiosa. Me gusta inventarme historias y creérmelas; reinventar la realidad para digerirla mejor y llenar aquellos espacios obscuros a los cuales nos es imposible iluminar. Y siempre se dirige a lugares lúgubres. No sé cuál es mi manía, pero también soy fatalista, así que la combinación normalmente no resulta bien.

Supongamos que acabo de conocer una muchacha cándida y, a mi parecer, grácil. Imaginemos que es de ojo claro y rasgos finos, con una boca que delinea una sonrisa luminosa cuando ríe y que se tuerce ligeramente a la izquierda cuando está en desacuerdo; que lleva una falda larga, ligera y blanca que le roza los muslos al caminar; que su cabellera ondula y vuela con el aire y cuando camina, pero que cae ligera por detrás de sus orejas cuando mira al infinito. Sin dudarlo un instante, caeré rendido, sobre todo si se digna a dedicarme una mirada o, peor aún, una sonrisa.

Aquí es donde todo va mal. Siempre, invariablemente.

Justo cuando vea yo que hay una oportunidad, empezaré a recorrer todos los caminos sobre por qué ella jamás me haría caso, sobre por qué nunca podríamos ser felices; inventaré excusas para jamás hablarle o invitarla a salir; me diré que tiene un novio imbécil y que no puedo salir con alguien que ha tenido ya un novio imbécil, mucho menos querer despojar al susodicho de ella, pues regresaría a sus brazos a la menor provocación; me imaginaré todas la razones posibles por las cuales declinará mis invitaciones, las largas que me dará, los pensamientos que pasarán por su mente si recibe una llamada o mensaje míos. La imaginaré con otro, en los brazos fortísimos de un patán, riendo por compromiso, en una relación de conveniencia; ante mis ojos pasarán imágenes de ellos dos acariciándose con una infinita ternura que jamás sabré igualar, que jamás podré tener. Intentaré adivinar cómo es el roce de su piel sobre la mía, la sensación de la carne bajo mis manos, la humedad de su boca, la calidez de sus muslos, la corporalidad total que jamás habré de disfrutar, la mirada agitada de los amantes sudorosos que jamás compartiremos y que, sin embargo, el otro bien conocerá, sabrá de su amor, y ella lo amará sin saberlo. Será una tortura sin fin.

Y jamás reclamaré nada, no diré nada. Si acaso compartiré algunas frases con alguien conocido. A veces intentaré hablar con ella, sólo para medir qué tan ciertas son mis fantasías, para alimentar con lo más insignificante el azote que bien me gusta tener, que disfruto de armar.

Grossman acongojado porque vio a una muchacha guapa

Grossman acongojado porque vio a una muchacha guapa

Justo es esto lo que él hace. Sacar a su cuñada de su casa a media noche para que lo lleve a donde está su esposa, Elisheva; en el camino, envolverla de fantasía sobre el supuesto amorío que tiene con otro hombre y convertirla en cómplice, en confidente, en testigo de su seguridad tan quebrada como su pierna, y suscitar en ella memorias propias, deseos no cumplidos.

Entiendo bien a Shaul, el protagonista de Delirio. Los dos disfrutamos del dolor, producto mismo de nuestra propia inseguridad, de nuestras enfermas fantasías por las cuales nos dejamos arrastrar sin decoro, a pesar de que nos persigan los fantasmas de aquellos que pretenden y persiguen a las mujeres que deseamos o amamos. Aunque, he de decir lo obvio, Grossman tiene una mucho mejor pluma que yo para darle matices, para hacer del sufrimiento algo erótico y sutil, un deseo inalcanzable y enfermo, pero lleno de sensualidad. De haber intentado yo hacer lo que él ha plasmado en esta novela, tal vez habría fracasado rotundamente.

David Grossman, Delirio, Lumen, 2013.

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Acerca de Borchácalas

Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

2 comentarios el “Delirio

  1. dominique
    julio 28, 2014

    de alguna manera, cada uno elige su propio sufrimiento.

    • Borchácalas
      julio 28, 2014

      ¡Gracias por comentar! Nos gustan los comentarios. Con ellos no tenemos congoja.

      Ciertamente, cada uno escoge la manera de su sufrimiento, aunque no seamos conscientes de ello.

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Esta entrada fue publicada en mayo 20, 2014 por en Cosas extrañas, Novela y etiquetada con , , .

Kampa

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