Vorágine

Primeras lecturas

27 Mayo 2014 | Andrés Alba

A veces me pregunto: ¿con qué empezamos a leer? Porque todo lector debió haber iniciado en alguna parte. Debieron haber un par de libros que coronaran el camino, esos que como invitaciones dieron inicio a un largo viaje que no ha de parar hasta encontrarse con el libro final, el cuál engendra una pregunta interesante, aunque para otra ocasión.

Al pensar en el libro incitador pocas veces cuentan esos que se dejan en las escuelas, y que la mayoría de las veces (porque no se trata de una regla), no tienen sentido para los niños a los que se les asigna. Y no dudo del sentido de los niños, sino la relación que no son capaces de establecer con ellos.

Así que la historia de estas primeras lecturas es única, y aunque haya quien clame y se vanaglorie de haber comenzado con Joyce o Dostoievski (juro que los hay), lo cierto es que suelen ser lecturas más humildes las que sirven de iniciación. Cuentos perdidos en antologías poco conocidas, tomos olvidados de las bibliotecas familiares, fragmentos en papeles arrancados o qué se yo, seguramente también una que otra obra flotando en internet conformará el banderazo de salida para los niños de hoy en día.

isla

Yo sé que comencé a interesarme por los libros a partir de los cuentos de los Grimm que me leían antes de dormir. Esas aventuras con hechiceros, asesinatos, duendes y dragones me hacían temblar de emoción. Al crecer empecé a leer cuentos de terror y fantasía de dudosa calidad, pero que poco a poco me fueron acercando a la literatura.

De niño leí La isla del tesoro, de Louis Stevenson, y fue entonces que conocí la emoción que puede provocar un libro. Me imaginaba a mi mismo como el buen Jim Hawkins, escapando de mi casa para tener aventuras en altamar. Aún hoy es de mis libros favoritos, y sé que fue parte importante de mi identidad como lector.

Más tarde, debo admitirlo, empecé a consumir bestsellers de misterio y aventura. De muchos no recuerdo ni los títulos, pero sé que fue a partir de ellos que me forjé en el hábito de la lectura (que no debemos menospreciar), y probablemente me convertí en verdadero lector hasta la adolescencia, cuando me atreví a consumir toda la mitología tolkeriana.

Esos primeros libros dan nacimiento a una historia de lector. ¿Cuáles fueron los suyos? Siempre es una pregunta digna de respuesta.

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Esta entrada fue publicada el mayo 27, 2014 por en Sobre libros y otras fantasías.

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