Vorágine

Lecturas excesivas

01 julio 2014 | Andrés Borchácalas

Desde hace unos meses se me ha complicado demasiado terminar un libro. No uno en específico, sino cualquiera. Mi habilidad para retener la atención por largos periodos se ha visto mermada por distracciones inútiles como el internet (¡oh!, la ironía: quejarse de la red en la red). Esto no sólo ha hecho que mi capacidad de escritura se vea comparada con la de un niño de primaria, sino que, además, sólo puedo leer fragmentos cortos.

Es una lástima, de verdad.

Por otro lado, no dejo de intentarlo, lo cual ha resultado en una pila alta de tomos que he empezado y que no tiene fin. Entre los libros que leo en el metro y a los que supuestamente dedico tiempo en casa, la lista ha ido creciendo poco a poco.

Sucede que me aburro rápidamente o mi humor no es el mejor para tal o cual libro. Se me ha hecho la manía de cargar dos, tres o hasta cuatro de pasajes cortos que pueda leer en tiempos muertos o en los trayectos en que van de Copilco a Balderas (intentar leer de Balderas a Insurgentes es un chiste). Tiene que ver un poco con mi extraña manía de no dejar un texto a la mitad: debo terminar el ensayo, cuento o capítulo, sino es comenzar desde el principio.

Así pues, he pasado por muchos libros que, a ratos, puedo leer con mucho gusto pero, en otros, me aburren (no es raro que sean todos al mismo tiempo), y es cuando empiezo a leer otra cosa, que no termino, evidentemente.

Ese bien podría ser yo

Ése bien podría ser yo

Así pues, me he visto envuelto en la (un tanto decepcionante) prosa de Canción de tumba (Julián Herbert), en los medio logrados ensayos de Entre la soledad y el amor (Bryce Echenique), las extrañas diserta-ciones narradas del Manual del distraído (Alejandro Rossi, que, por cierto, no va nada mal, tal vez un día le toque una bonita reseña), las impenetrables argumentaciones de En defensa de la intolerancia (Zizek, con circunflejos en cada z), las técnicas de El libro de los cinco anillos (Miyamoto Mushashi, ahora que me dio por querer ser samurái), la deliciosa prosa de Juntacadáveres (Onetti), las explicaciones de las discusiones de Los demasiados libros (del muy subestimado Gabriel Zaid), la extraña historia de El libro salvaje (Juan Villoro), los diálogos de Seda para un pez dorado (Laura García, una novel escritora de teatro), los lindos y emocionales cuentos de Un día es un día (Margaret Atwood), el primer capítulo de Crimen y castigo (Dostoievski, evidentemente), y la frustración de no poder empezar La novela, el novelista y su autor y Aprendizaje o el libro de los placeres (Thomas McCormack y Clarice Lispector, respectivamente).

Lo peor de todo es que no le veo fin a mis libros. Algunos los he abandonado un poco porque necesitan más atención, otros no porque son cómodos para la situación. A final de cuentas, se han convertido en libros pasajeros de lecturas caóticas.

Supongo que en algo se parece a mi vida en este momento. Hay tantas cosas que tengo que elegir, que tengo que arreglar, que se me escapan de las manos porque parecen ser demasiado, que no termino de consolidar del todo lo que se me va presentando que no quiero dejar escapar. Hay libros que no abordo, como hago con una o dos mujeres que me quitan el sueño, pero que no me atrevo a ir más allá y hacer el esfuerzo extra, por miedoso, porque me digo que requieren más tiempo y que es lo que me falta, aunque en realidad me sobra; otros que han sido como aquellos pequeños proyectos que puedes sobrellevar de poco a poco y que te dejarán algo, pero que no son tu meta: libros que lees porque no hay nada mejor o porque sientes la obligación de hacerlo.

¿Qué tanto dice del momento de la vida de uno las lecturas que hace? Supongo que bastante, así como las formas de lectura. Algo tendrá que ver con decidir, con decir que sí o no, (aunque uno no quiere decidir, sino quedarse en la cuerda floja, como en monociclo, porque es complicado y es más fácil dejarse llevar y caer donde tenga uno que desplomarse; así, sencillo).

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Acerca de Borchácalas

Borchacaleo en los sueños ajenos hasta cansarlos.

2 comentarios el “Lecturas excesivas

  1. lustucruu
    julio 2, 2014

    Suelo padecer el mismo síndrome. Hagamos un grupo de autoayuda o algo.

    • Borchácalas
      julio 2, 2014

      Sería conveniente, conozco a varios en la misma situación.

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