Vorágine

Dejar de lado número uno

13 agosto 2014 | Hombrecactus

Hemos hablado de leer y leer y leer. Hacerlo parados, en el transporte, por encima del hombro, en compañía, durante veinte minutos y contra viento y marea. Les hemos recomendado libros y autores; hemos sido, en suma, bondadosos. Pero se nos ha olvidado que en este mundo de letras y sinrazones a veces hay que decir basta.

Uno de los grandes problemas es no saber decir no cuando es justo y necesario, cuando ya no se puede más, cuando no es indispensable aguantar lo que no nos cae bien ni tenemos deseos de leer.

Aventar un libro, ya sea con asco y desprecio, simplemente hartazgo o porque no es el momento correcto está bien; en realidad, es sano y satisfactorio. Pruebe usted en casa: agarre ese Paulo Coelho que le recomendó su amiga, esas 50 sombras que su ligue adora, esa poesía de autores jóvenes, ese tomo gigante de Joyce y aviéntelo lejos de usted, lejos del sillón o de la cama; deje que se arrugue al caer, que sus hojitas se doblen y quiebren. Qué alivio.

Si uno ha decidido ponerse a leer de vez en cuando, es inevitable que se cruce con cosas que no le gustarán, eso no importa. Lo verdaderamente importante es saber decir “hasta aquí”, “no más”, “al carajo” y otras expresiones de rigurosa etiqueta cuando sean pertinentes, todo por la salud.

Uno de esos libros, que hay que abandonar pronto, con el que me crucé recientemente fue Cóbraselo caro de Élmer Mendoza, una novelita que no supe bien de que va porque llegué a la página 26, que dice:

“Fue cuando se le ocurrió que tenía que encontrar las piedras de Pedro Páramo, ¿te imaginas? El cuerpo de un personaje literario. Oye me tengo que ir, quedé con Nelly Windsor para que me cuente…”

No. Basta, dejemos a Rulfo en paz. Y no es que Élmer me caiga mal (El amante de Janis Joplin me parece una gran novela), pero hay veces en las que nada más no.

Pero podemos inaugurar una sección en este blog.

Ni este lujoso aparato hubiera logrado que terminara de leer esa novela.

Ni este lujoso aparato hubiera logrado que terminara de leer esa novela.

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Acerca de Rodrigo hombrecactus

Soy uno de esos personajes planos tipo relato de folletín que aspira a ser esférico. De esos que son copias malas de Filiberto García:sin sombrero ni pistola.

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