Vorágine

Contra uno mismo

4 febrero 2015 | Hombrecactus

En este blog (por si no se han dado cuenta, si van de paso) nos hemos puesto a reseñar cuanta cosa se nos ha cruzado y ahora, gracias a nuestro incansable esfuerzo, aunque no tan constante como quisiéramos, hemos conseguido hacernos de un considerable número de entradas. Ya es hora de que nos empiecen a becar.

Pero  dicen los envidiosos de nuestro apabullante éxito (cinco lectores cada semana y contando) que para qué empeñarse en un ejercicio moribundo;  si ya nadie lee otra cosa que no sea superación personal y amas de casa cogiendo con vampiros en una distopía medieval, menos aún van a leer lo que unos cuantos desconocidos pero amigables tienen que decir sobre cosas que otros tantos (muchos ya muertos y el resto moribundos) han escrito.

Pero de oídos sordos, necios en un quehacer que no paga nada, hemos continuado haciendo esto: leyendo de prestado, comprado o robado; garabateando notas para mecanografiar después un texto que pondremos aquí, con los ojos brillantes de gusto por haber terminado, una semana más, una serie de ideas sobre algo tan imaginario y tan tangible que confunde a cualquiera que se acerca a la lit., abreviación incluida porque yo no creo en las mayúsculas para esos sustantivos.

Y entonces, en la lucha por dejar una huella imborrable (nada se borra de internet) pero olvidable como todo, nos tenemos que preguntar por qué el afán. Y este post no dará ninguna respuesta clara o tímida; pero cumple con el propósito de enunciar la preocupación, de demostrar que no estamos exentos de la autocrítica desterrada de la condición humana desde hace tanto.

Puedo decir que es sobretodo el intento de comunicarse con otros, mandar señales y esperar una respuesta que puede no ser la querida o siquiera de nuestro gusto, pero reacción de cualquier manera. Escribir aquí reseñas que comparten nuestros pesares y encantos con las lecturas que se nos ponen enfrente, ya sea ellas solas, por recomendación o azar, puede ser un intento por encontrar vida con la cual relacionarse a través de algo tan simple como nuestros dichos sobre algo que probablemente no nos mate nunca.

Sea lo que sea, que quede siempre la pregunta de por qué intentarlo si todo se acaba y que las siguientes entradas de este blog (no parece que nos cansemos pronto) sirvan de respuesta momentánea a todo esto, que de cualquier manera nada es completamente satisfactorio; ni siquiera la vida allá afuera.

Por cierto, Sergio Pitol está hospitalizado y el mundo es un poco peor.

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Luchando contra uno mismo con un dejo homoerótico, como el de todo gran crítico que se ama y odia al mismo tiempo.

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Acerca de Rodrigo hombrecactus

Soy uno de esos personajes planos tipo relato de folletín que aspira a ser esférico. De esos que son copias malas de Filiberto García:sin sombrero ni pistola.

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