Vorágine

La doble vida epistolar

10 febrero 2015 | Post invitado: Daniela Becerra

¿Puede una relación estar compuesta de palabras? En Tú seras mi cuchillo, David Grossman plantea una de las historias más profundas, originales e íntimas que yo haya podido observar, tanto en la ficción, como en la vida real. A través de frases Miriam y Yair se desnudan, sin verse. Lo más obscuro y luminoso de sí mismos, sus frustraciones y anhelos se muestran sin adornos.

Yair, un hombre casado, comerciante de libros raros, ve a Miriam, una maestra, ligeramente mayor que él, en una reunion del colegio. Hay un gesto de ella que lo conmueve. Descubre una grieta, un resquicio de fragilidad que lo motiva a escribirle una primera carta. Establece las reglas, no deberán de verse para no caer en el cliché de las relaciones extramatrimoniales. “Sólo estoy hablando de cartas, no un encuentro, nunca un cuerpo.” No es una infidelidad común. Ambos parecen amar y ser amados por sus cónyuges. Ambos son padres responsables. No buscan el contacto físico.  Ella deberá contestar a sus cartas a un apartado postal y mantener el anonimato. Aunque ella, al principio, se resiste un poco. Su apertura es cada vez mayor. Es imposible no caer presa de la intensidad de Yair e incluso, a ratos, cansarse de ella. Yair drena la energía de Miriam. En algún momento, como lectora, lo odié, sólo para terminar siendo seducida por sus palabras. Ambos van tejiendo un mundo de complicidades y secretos, de infancias tristes, de matrimonios apacibles, de añoranzas y soledades. “Y hasta que exististe, nunca imaginé que conocer el lenguaje de una extraña pudiera ser tan excitante como tocar su cuerpo por primera vez.”

No se intercambian elogios ni banalidades, solo se escupen dolores y un profundo anhelo por conectar con el otro. Y aquí viene otra pregunta si en esta relación, a diferencia de otras, los personajes no se presentan con su mejor rostro ¿es por qué se muestran tal como son o es por qué también se construyen como fallidos y especiales para atraer al otro?

¿Podría tanta verdad soportarse en una relación convencional? Quizá la misma verdad marcará la duración del vínculo entre ambos. Demasiada realidad y crudeza como para algo a largo plazo. De cualquier modo, ninguno quiere la convivencia cotidiana, desgastarse en cuentas por pagar y visitas al médico; enfrentarse al cuerpo desconocido, a la carne y los olores. Mejor crear un cerco, para que la realidad no acceda. Ser  amantes conformados por letras y tocarse con frases y silencios.

Mujer escribiendo, Jean Peskc

Mujer escribiendo, Jean Peskc

Los protagonistas ofrecen una vista subjetiva de sí mismos. A Yair lo vemos en sus cartas y a Miriam en su diario. No hay un narrador omnisciente que nos de una perspectiva más objetiva. Conforme las páginas pasan, hablan cada vez más de su vida diaria, de los problemas con los hijos y de aquellos sufrimientos que los unen a sus parejas. Yair ve el matrimonio como una batalla territorial, una guerra por cada milímetro del alma del otro, un constante rendirse o hacer que el otro se rinda. El matrimonio como dos personas que presencian el lento ritual en que muere el ser amado.Y así sucede con esta relación epistolar. Miriam desea el contacto físico, no puede contener un sentimiento tan grande. Él opta por el silencio. Ella escribe  Yair, si tengo un deseo aún, deseo, rezo para que estas miles de palabras se conviertan en un cuerpo. Lo hemos probado, buscar la intimidad con otro a través de descubrirnos, las confesiones como puerta al interior. Yair y Miriam comparten confidencias, se muestran vulnerables, quedan a merced uno del otro. Tú seras mi cuchillo, le dice él a ella, como alguna vez le dijo Kafka a Milena en una de sus cartas: El amor es que tú seas el cuchillo que se adentra en mi alma.

David Grossman, Tú serás mi cuchillo, Seix Barral, Colección Biblioteca Formentor, 2005.

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Un comentario el “La doble vida epistolar

  1. varaltam
    febrero 11, 2015

    No puedo esperar para leerlo. Tu artículo es una obra maestra en sí, me encantó leerlo.

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Esta entrada fue publicada en febrero 10, 2015 por en Epistolario, Novela, Reseñas y etiquetada con .

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