Vorágine

La vorágine no se acaba nunca

¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde?”

José Eustasio Rivera

En el principio era el caos, después el kiosco y otra vez el caos. Luego vinieron la selva y la ciudad;  el café y los limones. Todo en precipitación y convulsión; todo en vorágine desenfrenada.

Y vino también el papel y la tinta sobre éste. Se le vio aparecer al trazo y se entendió la fascinación por él.

Luego nos abrumó: Tantos trazos hasta que sean selva, hasta que cubran todo, hasta que sean caos. Hasta que nos trague y no quede nada de nosotros, sólo una pequeña huella.

Pero antes de ser devorados, Andrés, Andrés y Rodrigo fueron al café y no pudieron con él; terminaron bebiendo limonadas bajo la mirada regañona de la mesera. La cafeína a ciertas horas no es para hombres, mucho menos para estos hombres.

De ahí el blog. Si la vorágine ha de consumir todo, que quede al menos un detalle de nuestro paso por aquí. Aunque dure poco.

Este es, pues, desde el principio de su tiempo y hasta el final del nuestro,  un blog que habla sobre los remolinos, las naderías literarias y las limonadas.

El eco se irá por cada rincón y usted no pidió esto, pero se lo dimos.

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